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“Estamos perdidas, estamos perdidas”

Por Flor Lisbeth Mejía López

Probabilidad de clima: “Lluvioso entre 6 y 13°, neblina y granizo, ir con botas”.  Eran las expectativas para visitar el Parque Nacional de Cajas, Sierra de Ecuador; despertamos motivadas mi novia y yo, nos acompañó un día soleado, con unos 14°, vientos normales y un cielo despejado, tomamos el tour que duraba 4 horas caminando al lado de 235 lagunas de agua bien formadas y unos 1000 cuerpos de agua, una flora y fauna que para una amante de la fotografía como yo es el paraíso, lagunas azules, verdes, marrones y transparentes, sobretodo un ánimo que sólo siento cuando viajo.

Me considero aventurera, que corre riesgos pero con cierto nivel de seguridad, sobre todo rebelde. Esa rebeldía nos llevó a dejar de seguir los letreros, omitimos las flechas de “siga por el sendero”, mi visión falló y creí que cruzar por un camino (luego comprobamos era pantanoso) ahorraríamos unos cuantos pasos y tiempo, decidimos caminar sin rumbo y en el afán de llegar a una salida nos encontramos con una catarata imposible de cruzar, un camino sin flechas y dos personas rodeadas de miles de cerros alrededor de nuestros ojos.

¿Qué hacer? Obviamente, yo la rebelde, dije: crucemos; mi novia un poco más cautelosa me dijo que en las corrientes de agua no se debe confiar por más inofensivas que las parezcan, entre discutir quién tiene la razón, decidimos regresar por donde vinimos, caminar con los pies mojados, sin almuerzo y un sol estrellándose contra unas pieles sin bloqueador 2 horas más. Obviamente, yo estaba molesta porque mi idea no fue tomada en cuenta, no hablamos más sólo caminamos, pasó lo que nunca debe pasar en los viajes y sobre todo en lugares que uno no conoce: no ponerse de acuerdo y separarse, no sé en qué momento pasó que nos perdimos.

El parque nacional se cierra a las 4pm y ya eran las 5pm, por ende no había nadie, gritaba su nombre sin respuesta alguna, deseaba que esté bien, sólo que aparezca, me senté en un puente donde habíamos pasado, me sentí Rosario en Colca, me vi en la cárcel acusada por asesinato, me vi amaneciéndome con -2°C hasta esperar que llegue, en el momento que me estaba desesperando más la vi aparecer, de esto aprendí dos cosas para mis futuros viajes: nunca separarse del compañero y que quiero que ella siga siendo mi compañera de viajes siempre.

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